jueves, 12 de enero de 2017


Amenofis IV, o Akenatón como él se llamó a sí mismo, o “el faraón hereje” tal como parece que le conocía su propio pueblo. ¿Quién era este soberano? ¿Qué cosas hizo durante su reinado? ¿Por qué le llegaron a llamar despectivamente el hereje?

El joven Amenofis tuvo una infancia desgraciada, parece que tuvo algún tipo de rechazo o repudio familiar por parte de sus padres, con lo que pasó buena parte de su infancia y juventud con sus abuelos maternos, el sacerdote Juya de Heliópolis y la Sra. Tui, la cual era de origen semita. Tal vez la causa de su repudio paterno era que el muchacho se apartaba del canon de belleza que imperaba en aquellos momentos, eso es lo que muchos han concluido al contemplar sus retratos realistas en el Museo de El Cairo, con sus caderas casi femeninas, con sus ojos achinados y extremidades largas y finas, algunos doctores han concluido que este faraón sufría de “lipodistrofia muscular progresiva” y del llamado “síndrome de Marfan”. Si estas deformidades las tuvo desde el nacimiento puede entenderse un poco el porqué del rechazo paterno. Sus reales padres no tuvieron otra ocurrencia que mandar al pobre niño con sus abuelos maternos para alejarlo de la vida pública en palacio, pero al hacer esto pusieron al futuro faraón en situación de hacer las dos cosas por las que Akenatón será recordado para siempre en la historia: la supuesta invención del monoteísmo y la introducción de un estilo de retratos realistas. Hablemos brevemente de estas dos cruciales iniciativas de Akenatón.

Es razonable que pensemos que Akenatón acabó sabiendo la razón de su exclusión social por parte de sus padres, sus deformidades físicas, de manera que cuando ya era un faraón coronado y nadie le podía contradecir se hizo retratar de forma realista, tal cual era, ahora todos le tendrían que aceptar con sus deformidades físicas y todo. Lo suyo parece que fue como una especie de rebelión contra el injusto trato paterno recibido.

¿Pero cómo pudo Akenatón llegar a concebir el monoteísmo en un país que adoraba a cientos de dioses tradicionales? De nuevo los culpables fueron sus padres, los reyes de Egipto, ellos fueron los culpables porque se desprendieron de su hijo pequeño y lo enviaron con sus abuelos maternos, recordemos que su abuela era de origen semita. Cuántas tardes se las pasarían abuela y nieto hablando de los orígenes de ella allá, en la lejana Mesopotamia, la mujer le contaría como eran sus costumbres, cuáles eran sus creencias, cómo era la tierra en la que había nacido, etc. Los semitas creían en un único Dios, aunque muchas de las familias se auxiliaban de pequeños ídolos que a su vez les servían como pruebas de la herencia a recibir. Toda esta información fue encontrando acomodo en la mente de un jovencito necesitado de cariño y atención, y en él creció un nuevo concepto religioso: la adoración de un único dios al que el muchacho le puso el nombre de Atón, y cuando fue coronado como faraón implantó este nuevo concepto religioso en todo el país, aunque no por ello actuó contra los dioses tradicionales.  



Nuestro faraón se unió en matrimonio con la hermosa Nefertiti, cuyo nombre significa “la bella que viene”, lo cual podría significar que esta mujer no era egipcia, pero sí que hizo causa común con la nueva idea religiosa de su esposo. Akenatón y Nefertiti tuvieron seis hijas, pero probablemente también tuvo relaciones con otras segundas esposas, una de las cuales fue la madre de Tutankatón.
Akenatón se trasladó a vivir a un lugar conocido hoy con el nombre de tell-El-Amarna, en medio del desierto, junto a la orilla oriental del río Nilo, aquella fue la nueva capital que se hizo construir y solo ha sido habitada por él, a su muerte el lugar fue gradualmente abandonado y hoy sus ruinas están bajo las arenas del desierto.
Aunque hay varias corrientes de pensamiento, una de ellas (de los egiptólogos) es que en algún momento Nefertiti desaparece de la vida pública, no se puede precisar qué es lo que le sucedió a la reina, algo extraño sucedió, hay quienes piensan que esta mujer acabó regresando a su país de procedencia pero otros piensan que fue asesinada por el apoyo a las ideas heréticas de su esposo Akenatón.
En algún momento del reinado de Akenatón aparece un enigmático personaje conocido con el nombre de Smenkare, y que al parecer ejerció casi como de corregente del faraón. Se supone que se casó con la hija mayor de Akenatón, con Mat-Atón, pero que tal como apareció en la vida del rey del mismo modo desapareció de la vida pública, sin dejar rastro.
 
Otra cosa notable hizo Akenatón. Se sabe que durante su reinado toda la población fue traslada desde un extremo del país hasta el otro pero tampoco se conoce por qué, los egiptólogos piensan que fue para realizar alguna obra pública importante pero no pueden precisar qué.
Y durante el reinado de Akenatón, el soberano recibió una serie de cartas de reyes cananeos pidiéndole socorro por causa de unas gentes que correteaban por el país y no cesaban de cometer razias, que no verdaderas guerras. Estas cartas fueron encontradas entre las ruinas de tell-El-Amarna. No hay constancia de que la ayuda solicitada se pusiera en marcha alguna vez. 
Esto es a grandes rasgos lo que se puede decir de este faraón, pero curiosamente tiene cierta similitud con la historia que cuenta la Biblia durante la época del primer ministro de Egipto que conocemos con el nombre de José, así que ahora hablaremos de José mientras hacemos unos interesantes paralelismos con lo que sabemos sobre Akenatón, de esto es de lo que voy a hablar en mi próxima contribución al Blog “La Aventura de la Historia”.

 
Antes de proseguir creo conveniente recordar a los amigos lectores que en algunos casos no se tiene información personal sobre lo que hicieron determinados faraones, y que en la mayoría de los demás faraones la información que nos ha llegado es fragmentada, con lo cual muchas de las conclusiones de los expertos son solo suposiciones, suposiciones más o menos bien encaminadas pero solo eso, suposiciones. Teniendo esto en cuenta, pasaremos a considerar brevemente los reinados de los siguientes faraones y la duración de los mismos, aunque de Menefta I y de Ramsés II ya hemos hablado anteriormente.
 
Menefta I                      
Ramsés II
 
Seti I es el faraón que esclavizó al pueblo de Israel que en aquel entonces residían en la región llamada GÓSEN, en el delta oriental del Nilo, Génesis 47:5; Éxodo 1:8-11. Parece ser que este faraón solo gobernó durante 15 años.
Ramsés I no tuvo incidencia alguna en relación con el pueblo de Israel, además, quizás solo reinó por 1 año o poco más.
Horemheb comenzó siendo un poderoso general bajo el mandato del faraón Akenatón, pero le desesperaba la inoperancia militar de Akenatón. Durante los mandatos de los siguientes dos faraones (Tutankamón y Ay) parece que se desató una lucha por el poder, siendo finalmente Horemheb quién salió vencedor. Él fue el fundador de la familia real que llevó el nombre de Ramsés. Es posible que durante estos acontecimientos el anteriormente primer ministro, José, se hizo a un lado para no verse involucrado en una lucha que ya no era la suya y se retiró a vivir en su hacienda de la ciudad de Heliópolis (On) donde también residía su familia política, Génesis 41:45, y allí fue donde él falleció a la edad de 110 años.
Ay era un sacerdote que tuvo mucha influencia especialmente en la corte del joven faraón Tutankamón, finalmente se hizo con el poder y se sentó en el trono gobernando durante cinco años aproximadamente con el mismo nombre, Ay.
Ahora tenemos al joven Tutankatón. Sí, no me he confundido de nombre, lo que sucede es que el hijo varón de Akenatón fue sentado en el trono siendo un niño y llevando el nombre del dios de su padre Tutank-Atón. El hecho de que posteriormente este joven faraón fuera conocido con el nombre de Tutankamón, Tutank-Amón, solo es una muestra de la lucha religiosa que se había desatado en Egipto. Puede que por sí mismo, o más probable por imposición del clero (la sombra del sacerdote Ay no debía de estar muy lejos), pasó a llamarse con el nombre del dios tradicional Amón en detrimento del dios Atón “inventado” por su padre Akenatón.
José ya se había apartado de la escena y permaneció ajeno a las intrigas que estaban teniendo lugar. Tutankamón murió cuando apenas contaba 18 años, y no está muy claro si murió en un accidente de caza o fue asesinado. Como curiosidad de este joven faraón, digamos que su tumba fue una de las dos tumbas de faraones encontradas intactas, con todos sus tesoros dentro y con la momia del faraón en sus respectivos ataúdes. Y llegamos al faraón que verdaderamente nos interesa, Amenofis IV, que a sí mismo se llamó Akenatón, y que popularmente debió de ser conocido como “el faraón hereje”.
Hasta aquí ya llevamos aproximadamente unos 150 años o más y no pasaremos de Akenatón. Sí, porque Amenofis III, padre del faraón Akenatón, reinó por espacio de unos 37 años, y con los años que él estuvo gobernando ya nos pasamos de los 160 años que median entre Moisés y José, pero nada de lo que se conoce durante su reinado hace sospechar que él tuviera algo que ver con las gentes semitas, en cambio su hijo heredero al trono sí tal como veremos. Mi siguiente publicación será sobre el faraón Amenofis IV o Akenatón, como prefieran los lectores.
  
 
 
                         
 



 

                         



  

Antes de proseguir creo conveniente recordar a los amigos lectores que en algunos casos no se tiene información personal sobre lo que hicieron determinados faraones, y que en la mayoría de los demás faraones la información que nos ha llegado es fragmentada, con lo cual muchas de las conclusiones de los expertos son solo suposiciones, suposiciones más o menos bien encaminadas pero solo eso, suposiciones. Teniendo esto en cuenta, pasaremos a considerar brevemente los reinados de los siguientes faraones y la duración de los mismos, aunque de Menefta I y de Ramsés II ya hemos hablado anteriormente.
 
 


Menefta I                      

Ramsés II                      MOISÉS

Seti I                

 

Seti I es el faraón que esclavizó al pueblo de Israel que en aquel entonces residían en la región llamada GÓSEN, en el delta oriental del Nilo, Génesis 47:5; Éxodo 1:8-11. Parece ser que este faraón solo gobernó durante 15 años.

Ramsés I no tuvo incidencia alguna en relación con el pueblo de Israel, además, quizás solo reinó por 1 año o poco más.

Horemheb comenzó siendo un poderoso general bajo el mandato del faraón Akenatón, pero le desesperaba la inoperancia militar de Akenatón. Durante los mandatos de los siguientes dos faraones (Tutankamón y Ay) parece que se desató una lucha por el poder, siendo finalmente Horemheb quién salió vencedor. Él fue el fundador de la familia real que llevó el nombre de Ramsés. Es posible que durante estos acontecimientos el anteriormente primer ministro, José, se hizo a un lado para no verse involucrado en una lucha que ya no era la suya y se retiró a vivir en su hacienda de la ciudad de Heliópolis (On) donde también residía su familia política, Génesis 41:45, y allí fue donde él falleció a la edad de 110 años.

Ay era un sacerdote que tuvo mucha influencia especialmente en la corte del joven faraón Tutankamón, finalmente se hizo con el poder y se sentó en el trono gobernando durante cinco años aproximadamente con el mismo nombre, Ay.

Ahora tenemos al joven Tutankatón. Sí, no me he confundido de nombre, lo que sucede es que el hijo varón de Akenatón fue sentado en el trono siendo un niño y llevando el nombre del dios de su padre Tutank-Atón. El hecho de que posteriormente este joven faraón fuera conocido con el nombre de Tutankamón, Tutank-Amón, solo es una muestra de la lucha religiosa que se había desatado en Egipto. Puede que por sí mismo, o más probable por imposición del clero (la sombra del sacerdote Ay no debía de estar muy lejos), pasó a llamarse con el nombre del dios tradicional Amón en detrimento del dios Atón “inventado” por su padre Akenatón.

José ya se había apartado de la escena y permaneció ajeno a las intrigas que estaban teniendo lugar. Tutankamón murió cuando apenas contaba 18 años, y no está muy claro si murió en un accidente de caza o fue asesinado. Como curiosidad de este joven faraón, digamos que su tumba fue una de las dos tumbas de faraones encontradas intactas, con todos sus tesoros dentro y con la momia del faraón en sus respectivos ataúdes. Y llegamos al faraón que verdaderamente nos interesa, Amenofis IV, que a sí mismo se llamó Akenatón, y que popularmente debió de ser conocido como “el faraón hereje”.

Hasta aquí ya llevamos aproximadamente unos 150 años o más y no pasaremos de Akenatón. Sí, porque Amenofis III, padre del faraón Akenatón, reinó por espacio de unos 37 años, y con los años que él estuvo gobernando ya nos pasamos de los 160 años que median entre Moisés y José, pero nada de lo que se conoce durante su reinado hace sospechar que él tuviera algo que ver con las gentes semitas, en cambio su hijo heredero al trono sí tal como veremos. Mi siguiente publicación será sobre el faraón Amenofis IV o Akenatón, como prefieran los lectores.

  

 

 

                         

 

 

 

 

                         

 

 

martes, 10 de enero de 2017




Hay muchos indicios que nos sugieren que el faraón Ramsés II el Grande fuera contemporáneo de Moisés, el segundo de los faraones que conoció Moisés, por lo tanto haremos bien en no ignorar que según la genealogía que suministra la Biblia desde Moisés hasta su antepasado José van cinco generaciones que se traslaparon, que se conocieron e interactuaron entre sí, esto suscita una interesante pregunta: ¿sería posible retroceder cinco faraones a partir de Ramsés II, y de ese modo llegar hasta el faraón que tuvo el atrevimiento de nombrar a un semita nada más y nada menos que como primer ministro de todo Egipto?

Pero vayamos por partes. Empezaremos con Moisés, su padre fue Amram, su abuelo fue Qohat, su bisabuelo fue Leví. José no pertenecía a este grupo familiar de Moisés, solo era el noveno de los hijos de Jacob a partir de su hermanastro Leví. En Egipto entraron para residir de por vida Leví y su hijo Qohat, con el tiempo Qohat se casó y llegó a ser padre de Amram, y de Amram diremos que fue el único de los cinco hombres entre Moisés y José que nació y murió en Egipto, lógicamente Amram fue el padre de Moisés. La Biblia no nos informa de cuándo falleció Amram a la edad de 137 años, pero su muerte pudo haber tenido lugar pocos años antes de que Moisés regresara a Egipto, y esto pudiera ser de ese modo porque Moisés ya tenía ochenta años cuando volvió y parece que los únicos familiares directos con los que se encontró fueron su hermana Miriam y su hermano Aarón.

Como ya hemos dicho anteriormente, el famoso éxodo aconteció en el año 1513 a.C. según la cronología bíblica teniendo Moisés ochenta años de edad, así que si sumamos esos 80 años a 1513 tenemos el año 1593 a.C. que es cuando nació Moisés. Moisés era el menor de tres hermanos, por lo que no es muy descabellado deducir que su padre lo engendró cuando él mismo tenía entre 55 y 60 años de edad.

Suponiendo que la edad de Amram en el momento de ser padre de Moisés fuera de entre unos cincuenta y cinco a sesenta años, le sumaremos los cuarenta años que tenía Moisés cuando huyó de Egipto más los otros cuarenta años que se pasó viviendo en el exilio en Madián, y entonces obtendremos aproximadamente la cifra de 137 que son los años que duró la vida del padre de Moisés.

La Biblia no nos dice qué edad tenía Qohat cuando entró en Egipto con su padre Leví, tal vez todavía era un adolescente, pero concedamos unos 20 o 25 años más para que Qohat llegara a ser adulto y se casara, y fue a partir de ese momento cuando fue padre de su primer hijo al que le puso el nombre de Amram. Ahora sumemos esos posibles 25 años a los 137 que vivió Amram y obtendremos la cifra de 162 años aproximadamente, esta sería la cantidad de años que separaban a Moisés de José.

Si entre Moisés y José solo suman cinco generaciones, ¿sería posible contar cinco faraones desde Ramsés II para poder conocer quién era el soberano que nombró a José como el segundo en el poder de todo Egipto? No, no es posible hacerlo de ese modo, lo que tenemos que hacer es ir sumando la duración de los reinados de los antepasados de Ramsés II  en el trono hasta alcanzar más o menos la cifra de 160 años que separan a Moisés de José. Pero en cuanto a la duración de los reinados de los faraones que sean necesarios tener en cuenta, no podemos esperar tener la precisión necesaria porque también pudieran haber sido más años de los que suponen los expertos. En algunos casos no se pusieron por escrito datos personales, y en otros casos la información que nos ha llegado es fragmentaria y nos quedamos a medias, después de eso ya solo es posible ir haciendo deducciones más o menos acertadas, que no está nada mal dadas las circunstancias.

Hasta aquí hemos considerado sucintamente la información tiene que ver con las cinco generaciones que enlazan a Moisés con José, pero a continuación consideraremos una serie de faraones que van desde Ramsés II (contemporáneo de Moisés) hasta encontrar un faraón entre los cuales medien unos 160 años aproximadamente, y tal vez encontraremos al faraón que hizo a José Gran Visir de Egipto. Ya verán, es apasionante.

sábado, 7 de enero de 2017




La mayor parte de nosotros nunca nos hemos enfrentado a cuestiones de cronología y por eso puede parecernos que es algo demasiado complicado y carente de interés para nuestras vidas, pero si sentimos algún interés por los temas históricos es necesario que algo de cronología sí que leamos, y en el presente caso que nos ocupa es importante saber por qué la cronología bíblica está en mejores condiciones que la cronología del antiguo Egipto. No va a ser tan difícil, ya lo veréis,

Es incuestionable que para contar históricamente el tiempo hacia adelante o hacia atrás necesitamos una fecha fiable, una fecha que nadie discuta y que todos acepten sin paliativos, con esa fecha como base será posible situar correctamente los diversos acontecimientos que se han ido produciendo con el paso de los siglos. ¿Cuál es, pues, la fecha clave que nosotros vamos a utilizar? Esa fecha es el año 539 antes de Cristo.

Según las crónicas históricas que se han conservado, en el año 539 a.C. el gobernante persa Ciro el Grande conquistó la ciudad de Babilonia, curiosamente esta fecha como tal no aparece en ningún documento antiguo que los arqueólogos hayan encontrado, entonces ¿por qué es una fecha aceptada por todos los expertos del mundo? Pues la garantía de que es una fecha correcta se la debemos a las Olimpiadas griegas, ¿podéis creerlo? No creo que os diga nada nuevo si os digo que las Olimpiadas se celebraron ininterrumpidamente cada cuatro años desde el año 776 a.C. hasta el año 339 d.C., y si estallaba alguna guerra se paraba la guerra para celebrar las Olimpiadas y luego se proseguía con la guerra, es que las Olimpiadas siempre tuvieron carácter sagrado por estas dedicadas a los dioses. Ahora hacemos las cuentas.

Según tres historiadores distintos de la antigüedad, Diódoro, Africano y Eusebio, el primer año de Ciro como gobernante de Persia correspondió con la olimpiada nº 55, año 1 (560/59 a.C.), mientras que el último año de reinado de Ciro coincide con la olimpiada nº 62, año 2 (531/30 a.C.). Las tablillas cuneiformes encontradas por los arqueólogos dicen que Ciro ejerció un dominio de 9 años sobre Babilonia. Teniendo en cuenta que el último año de Ciro como gobernante ya estaba en curso, se puede concluir que sus 9 años sobre Babilonia comenzaron en el año 540/539 a.C. que también estaba en curso, es de este modo como se establece de forma indiscutible el año 539 a.C. como el año en que Ciro el persa conquistó la ciudad de Babilonia.

En el registro histórico de los antiguos hebreos, es decir, la Biblia, no nos vamos a encontrar con un calendario de acontecimientos que nos sirva a los que vivimos en el siglo XXI, pero sí que vamos a encontrar cifras específicas de lo que duraron los reinados de los reyes bíblicos, del tiempo que vivieron los diferentes personajes de la Biblia, y tiempo que duraron muchos de los acontecimientos que vivieron todos los personajes que van apareciendo en la Biblia, a partir de estas distintas cifras y del año clave de 539 a.C.  ya solo es cuestión de ir sumando y restando para crear una tabla cronológica fiable de los diferentes acontecimientos mundiales que se recogen en las páginas de la Biblia.

Para no hacer demasiado gravosa la lectura de este artículo, pero partiendo del año 539 a.C., retrocederemos con la cronología hasta el año en que tuvo lugar el famoso éxodo de la Biblia bajo la dirección de Moisés, y ese es el año 1513 a.C. Como ya comentamos en artículos anteriores Ramsés II y Moisés fueron contemporáneos, ¿y para qué nos va a servir esto? Bueno, vamos a retroceder en la historia hasta los tiempos del bíblico José, que según la Biblia llegó a ser primer ministro de Egipto. Vamos a comprobar que desde Moisés hasta José van cinco generaciones que se traslaparon, es decir, que llegaron a conocerse entre sí. ¿Será posible, también, contar cinco faraones a partir de Ramsés II y llegar hasta el faraón que nombró a José como primer ministro de Egipto?

miércoles, 4 de enero de 2017



En general se piensa que el faraón Ramsés II vivió alrededor del año 1280 antes de Cristo, pero este punto de vista choca frontalmente con el registro bíblico de esos mismos años. No obstante, este faraón protagonizó unas acciones militares contra los hititas del norte que son incuestionables, y para ello tuvo que viajar a pie con todo su ejército desde Egipto hasta Siria atravesando la tierra de Canaán. Según la cronología de la Biblia ¿quiénes vivían en Canaán en el siglo XIII antes de Cristo?

Comencemos por el principio. El registro histórico de los antiguos hebreos dice que el rey Salomón de Israel comenzó la construcción del templo de Jerusalén en el cuarto año de su reinado, eso era en el año 1034 a.C., y según leemos en 1ª Reyes 6:1 eso fue 480 años después de haber comenzado el éxodo dirigido por Moisés, sumadas ambas cifras obtenemos el año ordinal de 1513 a.C., que es cuando aconteció realmente el éxodo bíblico. Si a estos 1513 años le restamos los 40 años que realmente duró el éxodo por el desierto obtenemos la fecha de 1473 a.C., que es cuando comenzó la conquista de Canaán a manos de Israel.

Una vez completada la conquista de Canaán, el pueblo de Israel se asentó en aquellas tierras y todo el territorio pasó a llamarse históricamente Israel, ya no se volvió a conocer con el nombre de Canaán. Durante los siguientes 350 años, hasta la aparición del primer rey hebreo, toda la nación vivió lo que se conoce como la época de “los jueces”, estos fueron unos 15 hombres que estuvieron rigiendo los destinos de toda la nación. Durante la larga época de los jueces bíblicos se fueron alternando periodos de paz con guerras, estos jueces guerrearon contra todos sus vecinos de los alrededores, contra todos menos contra los egipcios. Es decir, que si verdaderamente el faraón Ramsés II libró la batalla contra los hititas en algún momento de los años 1280 a 1213 y para ello atravesó la tierra de Israel, eso hubiera sido justo en medio de la bíblica época de los jueces israelitas, ¿cómo es, pues, que el registro histórico de los israelitas ni siquiera insinúa que algún faraón se acercara a la frontera con Israel durante esos tres siglos y medio?

Esto solo puede significar que Ramsés II está cronológicamente mal colocado en la historia y pertenece a otra época, una época anterior, porque después de “los jueces” llegó la época de “los reyes”, la cual finalizó en el año 607 a.C. con la conquista de Jerusalén a manos de los babilonios. La Biblia no esconde que durante la época de los reyes de Judá e Israel dos faraones distintos volvieron a conquistar lo que ellos consideraban como una provincia egipcia. Primero fue el faraón Sisaq que en el año 993 a.C. sometió al rey judío Rehoboam, de esto da testimonio  la Biblia en 2ª Crónicas 12:1-12 y los grabados en el muro de un templo de Karnak; y la segunda vez que un faraón volvió a conquistar Judá fue en el año 628 a.C., en esta ocasión fue el faraón Nekó que sometió a los judíos y les cobró un fuerte tributo, 2ª Crónicas 36:1-5. Pero del faraón Ramsés II que atravesara aquellas tierras para ir a pelear en Siria la batalla de       Qadesh en medio de la época de los jueces bíblicos ni una palabra, ni en los tiempos de los jueces ni en los tiempos de los reyes. Así que de haber tenido lugar la expedición militar de Ramsés II, cosa que está comprobado que sí sucedió, eso tuvo que ser antes de la conquista de Canaán a cargo de Josué, nunca después. Pero si los acontecimientos históricos fueron de ese modo, ¿qué es lo que puede haber pasado para encontrarnos con Ramsés II en un tiempo que no le pertenece cronológicamente hablando?

Mi modesta opinión es que este desajuste no es culpa de los historiadores y egiptólogos modernos, estos expertos se vieron en su momento conducidos a llegar a las conclusiones que llegaron al basarse en documentos egipcios incompletos y puede que manipulados en origen. Puede que toda la confusión se originara en Alejandría durante el siglo III a.C..

El año 280 a.C. es una época gloriosa para Egipto. En el país gobierna el faraón Ptolomeo II que tiene su capital en la ciudad mediterránea de Alejandría, ciudad que brilla mundialmente gracias a su célebre biblioteca y, nunca mejor dicho, gracias al primer Faro de la historia que vigila la entrada del puerto. Según algunas opiniones, la Biblioteca llegó a albergar unos 900.000 volúmenes con lo mejor de los conocimientos de aquellos tiempos. El idioma internacional de aquellos días es el griego.
Ahora tenemos que a la importante colonia judía de la ciudad se le pide que escriba en griego su historia, y de ese modo es como el mundo recibe una versión de la Biblia escrita en griego y que se conoce con el nombre de “Los LXX” o Septuaginta. En ella los judíos escriben la historia de Moisés tal como él mismo la había dejado escrita, la esclavización de Israel, las diez plagas, la destrucción del ejército egipcio en el mar Rojo. Moisés había dejado escrito, y ahora los judíos de Alejandría repetían lo mismo, que el antiguo enfrentamiento entre egipcios y los esclavos  israelitas fue principalmente un enfrentamiento religioso, Éxodo 12:12. ¿Qué cosas pueden soliviantar más que los enfrentamientos religiosos?

Por las mismas fechas, años 280 a:C:, un sacerdote egipcio llamado Manetón recibió el encargo de escribir una historia de Egipto. Es de suponer que este sacerdote iría a buscar información en todos los templos del país y también en la famosa Biblioteca de la ciudad, de ese modo es como llegaría a conocer la historia que acababan de escribir los judíos de Alejandría y lo que pudo haber leído no le gustaría nada, es más, podría sentirse ofendido personalmente. La historia de Egipto que Manetón escribió hoy no existe o no se sabe dónde pueda haber alguna copia, pero sin duda que en el siglo I sí que se podía leer porque el historiador judío del siglo I Flavio Josefo la pudo consultar y citó de ella en su propia obra “Contra Apión”.

Flavio Josefo se hace eco de un extraño éxodo que menciona el sacerdote Manetón, pero Manetón no atribuye aquel éxodo a los israelitas sino a unas gentes que él llama “hicsos”, para el historiador judío está claro que los hicsos son los antiguos israelitas. Parece que el sacerdote Manetón ya no mencionó nada más que pudiera relacionarse con los antiguos esclavos israelitas. Pero si la historia que escribió Moisés fue una simple invención que no sucedió en realidad, puestos a inventarse una historia ¿no hubiera sido mejor inventarse que ellos habían sido terratenientes con grandes posesiones en lugar de vulgares esclavos?

Al sacerdote Manetón se le pudo hacer imposible de evitar la tentación de manipular la historia, nadie quedaba vivo que pudiera corregir lo que ahora escribía Manetón y probablemente a ningún egipcio le importaba, y siempre sería la palabra de los egipcios contra la palabra de los israelitas, y así estamos en el siglo XXI, con una confusión cronológica difícil de solventar pero con un atisbo de luz.


domingo, 1 de enero de 2017

 
 

En la sala de las momias del Museo de El Cairo puede verse, entre otras, la momia del faraón Menefta I, decimotercer hijo del gran Ramsés II que reposa muy cerca. Todas las demás momias de la sala presentan un aspecto marrón oscuro pero la momia de Menefta tiene un tono blanquecino, aunque esto no deja de ser una curiosidad más.

Como es lógico, el cadáver de Menefta también ha sido examinado en profundidad y ha sido radiografiado y escaneado. Parece que este faraón murió cuando contaba poco más de 50 años de edad y murió sin dejar hijos herederos. Los exámenes científicos que se le han realizado nos revelan dos cosas, la primera es que en el hombro y antebrazo derecho tiene varias fracturas óseas, solo en ese lado del cuerpo, y el segundo hallazgo es que en la parte izquierda del pecho tiene lo que parece un gran hematoma. Los egiptólogos no saben a qué atribuirle estas lesiones, suponen que pudo haber sido en alguna batalla pero no saben en cuál ni cuándo.

Una cosa es bien llamativa en cuanto a este faraón, y es que en su estela funeraria alguien escribió en su nombre que habían sido conquistadas algunas ciudades del sur de Canaán y de la costa, dicho de otro modo, en esa zona había guerra. Pero lo más llamativo de esta estela funeraria es que en una de las últimas líneas de escritura, el faraón o quien escribiera en su nombre dice: “Israel ha sido exterminado, su simiente ya no existe”, y como todo el mundo puede comprender esa declaración es una mentira histórica. Esta parece ser la primera vez que aparece el nombre del odiado Israel en un documento egipcio y está conectado con el faraón Menefta I.
Fijémonos nuevamente en el relato bíblico. Ya han tenido lugar las diez plagas bíblicas incluyendo la muerte de todos los primogénitos egipcios, el hijo del faraón también, todo el pueblo está aturdido por la desgracia y da comienzo el éxodo. Moisés hace que el pueblo viaje en formación militar y también de noche, Éxodo 13:18,21.
La primera idea era que el éxodo del pueblo viajara por el camino de la costa mediterránea, por en medio de la tierra de los filisteos, pero Dios hizo que cambiaran de rumbo y el motivo fue el siguiente: “Y aconteció, al tiempo en que Faraón envió al pueblo, que Dios no los guió por el camino de la tierra de los filisteos simplemente porque estaba cerca, porque dijo Dios: “Puede ser que el pueblo sienta pesar al ver guerra y ciertamente se vuelva a Egipto”,  Éxodo 13:17, ¿guerra entre quiénes o contra quién?.
Parece que fue al tercer día de comenzar el éxodo que consiguieron sacar al faraón de su aturdimiento y éste cayó en la cuenta de que perdía a sus esclavos israelitas, el  faraón se puso al frente de 600 carros de guerra y marchó tras los israelitas para recuperarlos, Éxodo 14:5-9. El historiador judío Flavio Josefo del primer siglo menciona esos 600 carros de combate, y añade 50.000 jinetes y 200.000 infantes, (Antigüedades de los Judíos, libro II, capítulo XV, pág. 101). Preguntémonos: ¿Cómo pudo el faraón reunir un ejército tan grande en tan solo tres días o parte de esos tres días? No, todo indica que este faraón se estaba organizando para asestar el golpe definitivo a los enemigos de la costa, a los filisteos, Menefta ya tenía a su ejército dispuesto pero que movido por su ira ciega desvió a sus soldados y los puso a perseguir a los esclavos israelitas, él encabezaba la persecución.
Mientras tanto, el pueblo de Israel había ido costeando la orilla occidental del mar Rojo y se había adentrado en un territorio que se convirtió en una ratonera, las montañas de su derecha morían en el mismo mar y no existía camino libre, estaban atrapados con los egipcios por detrás y el mar a su izquierda. Pero Jehová Dios abrió milagrosamente el mar y acondicionó un camino en el mismo lecho del mar para que cruzara Israel. Esto fue un milagro de Dios, solo al alcance de él, cómo lo hizo solo lo sabe Dios, pero el mar se abrió en dos e Israel escapó.
Extrañamente se había formado un pasillo con sendas paredes acuosas a ambos lados, Moisés escribió que aquello se parecía a aguas cuajadas,  algo blando pero a la vez consistente, Éxodo 15:8. Fuere como fuere, el faraón no pensó en lo anormal de la situación sino que encabezando a sus tropas se lanzó pasillo adelante. Cuando presumiblemente los carros y la caballería estaban en el centro del mar, las paredes acuosas se desplomaron pesadamente con sus miles de toneladas de agua y convirtieron aquello en una especie de violenta centrifugadora, todo lo que estaba allí fue zarandeado sin misericordia. El registro histórico de los hebreos dice que este faraón murió en el mar, Salmos 136:15, pero eso no significa que muriera ahogado, simplemente se dice que fue arrojado al medio del mar y eso se ha de entender como que murió allí. Vamos a suponer que este faraón fue Menefta I y que de algún modo quedara sujeto a las riendas de su carro, con el violento zarandeo su cuerpo adoptó posturas imposibles y experimentó varias fracturas en el brazo atrapado; entonces algún objeto, quizás el carro de alguno de sus soldados, puede que su propio carro, o tal vez alguna piedra del fondo golpeó en su pecho ocasionándole una traumática parada cardíaca, eso explicaría el gran hematoma que tiene la momia de Menefta I. Así que puede que este faraón no muriera por ahogamiento.
En el mar Rojo perecieron tanto los hombres como los animales de los carros y de la caballería, horas más tarde llegarían las tropas que iban a pie y se encontraron con que todo ya había acabado y los hebreos ya se habían perdido de vista en la otra orilla. Buscarían el cadáver del faraón y lo llevarían hasta su capital.
 
 
Hasta aquí parece que tanto los hechos comprobados como el relato bíblico encajan sin fisuras, pero eso no es del todo cierto, y no lo es porque ahora nos encontramos con el gran problema de las fechas. Ramsés II está colocado cronológicamente en una época muy alejada de cuando tuvo lugar el éxodo bíblico, entre ambas cronologías hay unos doscientos treinta años de diferencia, ¿Cómo es posible? ¿Será cierto? ¿Qué puede haber pasado? En mi siguiente publicación lo explicaré.